Desempleo, paro forzoso
o desocupación de los
asalariados que pueden y quieren trabajar pero no encuentran un puesto de trabajo.
En las sociedades en
las que la mayoría de la población vive
de trabajar para los demás, el no poder encontrar
un trabajo es un grave problema. Debido a los costes humanos derivados de la
privación y del sentimiento de rechazo y de fracaso personal, la
cuantía del desempleo se
utiliza habitualmente como una medida del bienestar de los trabajadores. La
proporción de trabajadores desempleados también muestra si
se están aprovechando adecuadamente los recursos humanos
del país y sirve como índice de la actividad económica.
El método más
utilizado para medir el desempleo se desarrolló en Estados Unidos en
la década de 1930; muchos países utilizan este sistema bajo
la recomendación de la Organización Internacional
del Trabajo. Con un seguimiento mensual de una muestra de familias
representativas de toda la población civil se obtiene información sobre
la actividad de cada persona en
edad activa. Para asegurar la precisión de los datos y
facilitar su recopilación, los encuestadores preguntan qué es lo que hizo la
gente en una semana determinada. Una persona que realizó cualquier tipo de
trabajo durante esa semana para recibir una paga o un beneficio, trabajó quince
o más horas como un trabajador sin paga en una empresa familiar
o tuvo un trabajo del que estuvo temporalmente ausente, es considerado como
empleado. Una persona que no estuvo trabajando pero que buscaba trabajo o
estaba despedido y disponible para trabajar se considera como desempleado. A
continuación, el número de desempleados se divide por el número de personas de
la fuerza laboral civil
(es decir, la suma de empleados y desempleados) con el fin de calcular la tasa
de desempleo. En algunos países, en vez de elaborar una encuesta especial,
la estimación del desempleo se realiza a partir de los datos de la cantidad de
personas que buscan.
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